Poliedros (16)

Ha llegado agosto, el verano y con ellos los minúsculos oficios de las vacaciones. Aunque... esos trabajos que me busco…no están del todo mal. Es un placer hacer una cola interminable en comisaria para volver a tener el carné de identidad o en la jefatura de tráfico para conseguir que te vuelvan a permitir conducir el coche. Es una delicia y me puedo considerar afortunada porque no me robaran también el pasaporte (!!!) Y qué decir del ponerme a ordenar el armario que ha ido acumulando ropa mal puesta y de la grasa de la cocina, que no me molesta nunca, más que en verano. Podría estar en la playita tomando el sol pero…no: hay que tenerle un respeto a cualquiera que sea el oficio y las baldosas de la cocina las limpio en verano. Pero, como en tantas otras cosas, también tengo mi oficio de verano preferido: regar las plantas de los amigos. Esta tarde tocaba en casa de una de las parejas a las que más amor tengo. He llegado un poco tarde pero no me ha importado, en realidad no tenía prisa por ir a ningún otro sitio así que, decir que era tarde, es absurdo. Había oscurecido y punto. He encendido la luz, la cadena de música y he colocado el bolso en una repisa de la entrada. Mientras revisaba el móvil, quizá por saber la hora (otra vez absurdo), quizá por esperar una voz de último momento que me propusiera ir a tomar una caña) he notado algo extraño detrás de mi. Ha sucedido todo en un segundo. Casi inapreciable por lo pequeño que ha sido. Un tercio de un latido. Lo extraño detrás. El miedo dentro. Estar segura de estar, sola. Girarme. El susto. Y de nuevo volver al ritmo habitual del tiempo y empezar a reir como una completa idiota al ver mi propia imagen reflejada en un espejo en el que ni me había fijado al llegar. Quien reía era también yo. Quien escribe también soy yo. Quien se entretiene explicando todas estas minucias de su vida por no explicar lo que realmente le importa también soy yo. La jardinera de temporada que no se atreve a llamar a un amigo, concreto, con nombre, también soy yo. En casi otro segundo aparecen también las ganas, las palabras, las mil razones que podrían explicar mis actos, la vergüenza, el no entender nada pero creer estar demasiado segura de sentirlo todo. Y otra vez el tiempo se revuelve lento y yo me ahogo con lo que me queda, que son todo excusas.

1 Comments:

Blogger Grock said...

Me dedico a los oficios de ordenar mi cuarto, mis papeles, mis armarios, mi escritorio (también el del ordenador) y todas esas cosas que durante el resto del año me dedico a desordenar.
Pensándolo mejor me dedico a pensar como hacerlo, a organizarme el tiempo "libre" (que tontería porque desde que le pones una tarea ya deja de ser libre) y hacer listas interminables de "cosas por hacer" de las cuales siempre se quedan las mismas sin hacer o terminar.
Ahora sí. Intento en vacaciones ser mejor amigo de mis amigos (o por lo menos me dejo ver un poco más)

jueves, 04 agosto, 2005  

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