Berlin Collage. Prólogo.

Una mujer sentada.

Un día se levantó. Tenía la cara llena de arrugas, no de esas que van apareciendo con el paso de los años, si no de esas que surgen al quedarte dormida, sin querer, en un sofá que no es el tuyo. Caminó hacia la ventana. Miró. Luego, volvió a mirar, pero no encontró nada de lo que estaba buscando. Decidió también mirar por la casa. Otra vez nada. Y pensó: ¿qué narices estoy buscando? Pero tampoco nadie, ni ella misma, contestó. Ante tal absurda situación tenía dos opciones: volver a dormir o y lanzarse hacia un nuevo lugar para seguir buscando no sé sabe el qué.

Silencio

¿Qué estúpida motivación nació en ella para que esa tarde, a diferencia de las tardes anteriores, decidiera lavarse la cara, silbar un poco y abrir la puerta de aquella casa? Una ciudad estaba tan solo a la distancia de tres pisos hacia abajo pasando por una portería sin portero. Eso era fácil de recorrer aunque el miedo, provocado por la falta de costumbre para lanzarse a algo diferente, le hizo caminar muy despacio. Al fondo sólo una puerta de hierro con cristales blancos, sucios,negros.

Un golpe de aire caliente le baciló en la cara. Ante ella, una avenida. Las luces rompían aquella tarde la cual parecía haber oscurecido demasiado pronto. Sintió como si algo parecido a la felicidad le diera un pellizco en el brazo, seguía estando despierta. Había gente caminando por la misma avenida que ella. No se miraban, pero caminaban por el mismo lugar, y eso… no estaba mal. Luego se encontró con ella misma reflejada en un escaparate, entre despertadores electrónicos, lavadoras, aspiradoras y los últimos avances en informática. Se miró rápido, como de reojo, no quería que toda aquella gente, desconocida, pero susceptible de formar parte por unos segundos de su nueva vida, la descubrieran. Y entonces un abismo: Berlín.

1 Comments:

Blogger Flaneuse said...

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miércoles, 16 junio, 2004  

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